La inflación en España volvió a repuntar en septiembre y se situó en el 2,9% interanual, dos décimas más que en agosto, según el avance publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato rompe la tendencia de moderación de los últimos meses y vuelve a poner el foco en la energía, con la electricidad y los carburantes como protagonistas.
La energía, de nuevo en el centro
El principal motivo del repunte es el denominado efecto base: hace un año, en septiembre de 2022, la electricidad y los combustibles registraron fuertes caídas tras los máximos alcanzados por la invasión rusa de Ucrania. Esa bajada hizo que la inflación se redujera artificialmente, lo que ahora, al comparar con 2023, provoca que la tasa anual parezca más elevada.
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Electricidad: ha mostrado en septiembre una tendencia al alza, aunque muy dependiente de la volatilidad de los mercados internacionales de gas.
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Carburantes: el precio de la gasolina y el gasóleo ha vuelto a crecer, encareciendo tanto el transporte de personas como el de mercancías.
Inflación subyacente: respiro limitado
La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos, se situó en torno al 3,5%, encadenando seis meses consecutivos de bajadas. Este dato es clave, ya que mide la evolución de los precios más estructurales de la economía: vivienda, restauración, ocio o vestido.
Aunque sigue siendo elevada, esta caída progresiva indica que las presiones inflacionarias de fondo empiezan a ceder, algo que se explica por la normalización de las cadenas de suministro y la ralentización del consumo.
Factores internacionales
El comportamiento de los precios en España no puede entenderse sin el contexto global:
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Mercados energéticos: el petróleo Brent supera los 90 dólares por barril, impulsado por recortes de producción de Arabia Saudí y Rusia.
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Tipo de cambio: la fortaleza del dólar frente al euro encarece las importaciones de energía.
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Tensiones geopolíticas: la guerra de Ucrania sigue generando incertidumbre en el mercado del gas.
En comparación con otros países de la eurozona, España sigue estando en una posición relativamente favorable: mientras la inflación aquí se sitúa en el 2,9%, en Alemania supera el 4% y en Italia roza el 5%.
Impacto en hogares y empresas
El repunte de la inflación se deja sentir en varios frentes:
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Hogares: el encarecimiento de carburantes afecta al transporte privado y público. La electricidad repercute directamente en las facturas, sobre todo en familias vulnerables.
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Empresas: los costes de transporte y producción suben, lo que puede trasladarse a los precios finales y reducir la competitividad.
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Ahorro y consumo: una inflación más alta erosiona el poder adquisitivo de los salarios, mientras que los tipos de interés elevados encarecen las hipotecas y frenan el consumo.
Consecuencias para la política económica
El Banco Central Europeo (BCE) mantiene una política restrictiva con tipos de interés elevados para frenar la inflación. Sin embargo, la subida de precios de septiembre complica el escenario:
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Una inflación cercana al 3% se sitúa todavía por encima del objetivo del 2% del BCE.
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Si la tendencia al alza se mantiene, el organismo podría prolongar la política monetaria restrictiva, lo que seguiría encareciendo el crédito.
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El Gobierno español, por su parte, insiste en que el repunte es coyuntural y que la inflación subyacente seguirá marcando la tendencia de moderación.
Perspectivas a corto plazo
Los analistas apuntan a que la inflación en España podría oscilar entre el 2,5% y el 3% en los próximos meses, dependiendo de la evolución de los precios energéticos. El invierno será decisivo: un aumento del gas por la demanda estacional podría tensionar de nuevo la electricidad.
A medio plazo, si la inflación subyacente continúa moderándose, España podría consolidar una de las tasas más bajas de la zona euro, aunque persisten riesgos externos que escapan al control nacional.
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