La estructura del liderazgo empresarial en la República Dominicana evidencia una desigualdad persistente por género, según los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística (ONE). El predominio masculino en los cargos de dirección no solo refleja una distribución desigual del poder económico, sino también patrones estructurales arraigados en el mercado laboral y en la organización productiva del país.
Composición del liderazgo empresarial
Las cifras oficiales indican que el 79.4 % de las empresas dominicanas están dirigidas por hombres, frente a un 13.8 % lideradas por mujeres, mientras que apenas 6.7 % presenta una dirección compartida. Esta distribución revela una concentración significativa del liderazgo empresarial en manos masculinas, lo que sugiere que el acceso de las mujeres a los espacios de toma de decisiones continúa siendo limitado, incluso en un contexto de creciente participación femenina en la actividad económica.
Más allá de la diferencia cuantitativa, la brecha adquiere relevancia analítica al observarse de manera consistente en la mayoría de los sectores productivos, lo que apunta a factores estructurales más que coyunturales.
Diferencias sectoriales y segregación ocupacional
El análisis por actividad económica muestra que los sectores tradicionalmente asociados a infraestructura, energía e industria pesada —como suministro eléctrico, construcción, minería y manufactura— presentan una presencia femenina marginal en los niveles de dirección. Esta realidad refuerza la existencia de una segregación sectorial, donde las mujeres enfrentan mayores barreras de acceso a posiciones estratégicas en áreas consideradas históricamente masculinizadas.
En contraste, sectores como información y comunicaciones y alojamiento y servicios de comidas registran una participación femenina relativamente mayor en el liderazgo empresarial, aunque sin alcanzar niveles de paridad. Esto sugiere que la inserción de mujeres en cargos directivos tiende a concentrarse en actividades con menor intensidad de capital o con trayectorias empresariales más recientes, donde las estructuras jerárquicas suelen ser menos rígidas.
Edad, trayectoria y acceso al poder económico
El perfil etario del liderazgo empresarial muestra una fuerte concentración en los rangos de 46 a 55 años y 56 años o más, tanto para hombres como para mujeres. Este patrón indica que el acceso a posiciones de dirección está estrechamente vinculado a trayectorias laborales prolongadas y acumulación de capital social y empresarial.
Desde un enfoque analítico, este elemento resulta clave, ya que las mujeres suelen enfrentar interrupciones en sus trayectorias laborales —asociadas a cuidados familiares y desigual distribución del trabajo no remunerado— lo que puede limitar su progresión hacia cargos de alta dirección, incluso cuando poseen niveles similares o superiores de formación académica.
Implicaciones económicas y organizacionales
La baja representación femenina en el liderazgo empresarial no es únicamente un asunto de equidad, sino también de eficiencia económica y calidad institucional. Diversos estudios internacionales han vinculado la diversidad en los equipos directivos con mejores procesos de toma de decisiones, mayor innovación y mayor resiliencia organizacional.
En este contexto, la estructura actual del liderazgo empresarial dominicano puede interpretarse como una subutilización del talento disponible, especialmente en un entorno económico que demanda mayor competitividad, innovación y adaptación a cambios tecnológicos y de mercado.
Los datos de la ONE confirman que la dirección empresarial en la República Dominicana continúa caracterizándose por una alta concentración masculina, con avances limitados en la incorporación de mujeres a los espacios de mayor poder económico. La persistencia de esta brecha sugiere la necesidad de analizar con mayor profundidad los factores institucionales, culturales y organizacionales que condicionan el acceso al liderazgo.
Desde una perspectiva analítica, reducir la desigualdad de género en la dirección empresarial no debe entenderse únicamente como una meta social, sino como un factor estratégico para el desarrollo económico y la modernización del aparato productivo nacional.
![]()




