Más del 85% de los migrantes venezolanos han establecido su residencia en América Latina, de acuerdo con la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V). Colombia, Perú, Brasil y Chile se destacan como los principales destinos, mientras que otros se han radicado en países como Estados Unidos y España. Este éxodo masivo ha sido motivado por una crisis económica, política y social que se profundizó durante la gestión del presidente Nicolás Maduro.
Entre 2013 y 2021, Venezuela pasó de ser un receptor clave de migrantes en Sudamérica a convertirse en uno de los mayores emisores del continente, con más de 6,7 millones de personas buscando nuevas oportunidades en otros países. Esta migración, sin precedentes en su magnitud y rapidez, ha puesto a prueba la capacidad de las naciones receptoras para integrar a estas comunidades, destacando la importancia de una planificación adecuada en políticas de acogida y cohesión social.
En el aspecto económico, los migrantes venezolanos han aportado significativamente a las economías locales. Un estudio del Banco Mundial señala que la regularización de migrantes en países como Colombia ha beneficiado tanto a la población receptora como a los mismos migrantes. Sin embargo, el impacto en Venezuela ha sido devastador, con una pérdida considerable de su capital humano, reduciendo su fuerza laboral y sus niveles de escolaridad promedio.
Mientras los desafíos de integración y regularización continúan siendo prioritarios, la migración venezolana también representa una oportunidad para el desarrollo regional, si se logran alinear esfuerzos para aprovechar su potencial económico y social.
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